ABRAZOS (SIN FRONTERAS).
ABRAZOS (SIN FRONTERAS).
Tomé la decisión de volver por que estaba cansado. Cansado de ser
ilegal, de tratar de arreglar mis papeles, de que me pagaran mal o no me
pagaran, de que me explotaran en trabajos donde no les importaban sus
empleados, sino solamente el dinero.
Cansado de extrañar a mi familia
y a mis amigos, no es que no tuviera a nadie, había hecho amigos, algunos de
ellos hasta se habían convertido en familia, pero por mala fortuna ellos no podían
ayudarme, casi todos estaban en las mismas condiciones de ilegalidad, sufriendo
las mismas injusticias y con los mismos anhelos
que yo.
Así que saqué mi boleto de avión para regresar justo para cumpleaños de mi mamá, quién, como todos los años, ya tenía el puerco
lo suficientemente grande como para alimentar a toda la familia. Cuando en casa se enteraron de que volvía, a
la mayoría no les parecía que fuera la decisión mas acertada, pero dentro de mi, yo sabia que lo era. Mi padre la ultima vez que hablamos por teléfono se
había encargado de decirme todo lo que me podía pasar cuando cruzara la frontera, sabia que los de la migra me iban a decir
algo, y según lo que me dijo había tres
opciones, la primera y más extrema era que me metieran a la cárcel, la segunda
que me impusieran una multa, y la tercera que me suspendieran la entrada al
país por un periodo de cinco anos. En mi interior me sentía tranquilo pues según mi consciencia no había hecho nada
malo en este tiempo como para merecer que me encerraran en prisión; sobre la
opción de la multa, yo estaba regresando con el dinero justo solo para tomar el
transporte del aeropuerto a la terminal de autobuses y de ahí para hacer una
llamada para que mis familiares pasaran a recogerme, así que era imposible que
les pudiera pagar, y mucho menos en su moneda; y finalmente la tercera opción
de no poder entrar por cinco años, era una opción que no me gustaba pero que al
final solo me restringía volver a esa realidad que en esos momentos me estaba
haciendo huir.
Los últimos dos días ya no trabajé pues quería tener tiempo de
despedirme de los amigos, incluso la última noche me quedé a dormir en casa de
un amigo que vivía con su novia, ya que él se ofreció a llevarme en su auto al
aeropuerto. Luego de cenar y tomar un par de cervezas, dormí en el sillón de la
sala de una casa donde habitaban otros
inmigrantes. El día de mi vuelo, salimos
de la casa a las cinco de la mañana, yo estaba todavía bastante somnoliento que en el trayecto no tuve tiempo de ponerme nervioso, ni de hablar mucho con mi
amigo. Una vez que llegamos al aeropuerto, frenó su auto, ambos nos bajamos y nos dimos un fuerte
abrazo, yo todavía un poco adormilado solo tuve energía para decirle –gracias
hermano, nos vemos pronto.- nos
separamos y con un efecto magnético que creo que nos hizo despertar a ambos, nos
volvimos a abrazar, este ultimo todavía mas cálido que el primero, se podría
decir que fue un fuerte apretón de corazón.
Para volver a casa tenia que tomar dos vuelos, una conexión local, y luego tomar uno
internacional. Como no llevaba maleta para documentar pase directamente a la
zona de abordar donde solo me pidieron mi boleto y revisaron que coincidiera con
el nombre de mi pasaporte, luego de una corta espera comenzamos a abordar el avión y despegamos. Luego de un par de horas el avión
aterrizo, al entrar al segundo aeropuerto comencé a sentirme un poco nervioso,
sabia que tenia que dejar la terminal en la que estaba y pasar a la terminal
internacional. Camine por los pasillos
con la confianza de que todo iba a estar bien e incluso imaginando que
encontraría la forma de entrar a las salas de abordar evadiendo los controles
migratorios, pero no fue así. Una vez que me acerque a la terminal
internacional me recibió un ambiente hostil con decenas de ventanillas al
fondo, unas filas enormes de pasajeros desesperados, cientos de policías, y
unas personas con uniformes del mismo aeropuerto, con toda la facha de extranjeros o inmigrantes, que te decían a qué ventanilla debías de
pasar. Al ver ese escenario mi corazón comenzó a latir con mas fuerza, empecé a
sudar, y decidí dar la vuelta e ir al baño, me moje la cara, fui a sentarme a una asiento que encontré
libre donde decidí comerme mi sándwich que me había hecho la novia de mi amigo
así, si me metían a la cárcel, al menos no andaría con el estomago vació. Tenía
varias horas antes de tener que abordar, pero sabía que en algún momento tenía
que enfrentar la realidad y cruzar los controles. Esperé una hora tratando de
calmarme, recé un par de oraciones, pensé mucho en lo que sería el cumpleaños
de mi mamá, ver a la familia, a los amigos, contarles todas las anécdotas que
me habían sucedido este tiempo, y esto me dió el valor para decir, ¡ya esta,
vamos a hacerlo!
Tomé mi mochila, caminé hasta el final, todavía viendo si encontraba
alguna puerta o alguna opción para entrar por otro lado, pero sin éxito alguno, no me quedo otra que preguntarle a una chica uniformada que fila debía hacer
yo, obviamente sin decir nada de mi situación y tratando siempre de aparentar
estar tranquilo. Así pase a la fila la cual comenzó a avanzar rápidamente, en esa fila había gente de todo el mundo, se
escuchaban distintos idiomas, todos parecían estar estresados, yo estaba
nervioso, levantaba la mirada para ver si alguno de los oficiales tenía cara de
bueno, pero en esos momentos todos parecían malos.
-Adelante- me dijó el oficial.
Llevaba el boleto y el pasaporte en las manos, cuando me los pidió noté que me temblaban un poco las manos, él
puso el boleto de lado y se concentro en el pasaporte. Lo vió, me vió y con sus
dedos comenzó a pasar lentamente las hojas del mismo, cuando iba a medias se
detuvo para mirarme otra vez , yo como pude traté de sonreirle. Me dijo que
había entrado al país hace ya casi un año, que si sabía que solo tenía tres
meses como turista, lo miré y sin decir nada solo moví lentamente la cabeza
tratando de que el movimiento no fuera un “si”, mas bien un “te estoy escuchando”,
el oficial quien era un joven y quien realmente tenía cara de bueno, me dijo
que me sentara, que tenía que hablar conmigo. Él salió y le dijo a un chico con uniforme que
por el momento no le pasara a nadie más.
Tengo que admitir que en ese momento tuve miedo, miedo de ir a la
cárcel, miedo de no llegar al cumpleaños, miedo de estar en un problema
bastante serio, pero una voz dentro de mi, me repetía “todo va estar bien, no estas haciendo nada
malo” yo solo quería volver a casa, abrazar a mi mama, saludar a la familia; no
estaba haciendo nada malo, pero la realidad era otra. El oficial salió de la
ventanilla con mi pasaporte, por unos minutos estuvo hablando con otros
oficiales, todos armados y con cara de malos, luego regreso con un sello en su mano y tomo
asiento, fue ahí que comenzó a hablarme otra vez, me dijo que si sabía que las
leyes de su país eran muy estrictas, que si entendía lo que me podía pasar; yo solamente movía la cabeza, con el mismo
movimiento de antes, un “si” escondido atrás de un “lo estoy escuchando”, al
final de todo me dijo que si era consciente que por cinco anos no iba a poder
regresar al país. En ese momento me volvió el alma al cuerpo pues esa era la
opción que en el fondo yo quería escuchar en esos momentos, fue ahí que por fin hable para pronunciar
seguro de mi mismo un -“si”, se que eso me podía pasar- le expliqué que estuve tratando de arreglar
mis papeles pero que me habían estafado,
al final no había podido arreglar nada y que ahora tenía que volver a
casa. Me miró con una expresión fría, y me dijo –ok, así es esto, así son las
leyes. Por cinco años no puedes volver a entrar a este país-. Su voz
autoritaria no me asustaba más y por el contrario mi mente comenzó a divagar melancólicamente
aventando imágenes de toda la gente buena que había conocido esos últimos
meses, las veces que me habían ayudado, las risas, las comidas, las cervezas, y
sin darme cuenta estaba callado y con la
mirada perdida frente al oficial, quien al verme volvió a decirme -ahora entiendes que en este país
las leyes son una cosa seria-. Volví a
mover la cabeza todavía viendo pasar esos recuerdos, sin motivo alguno sentí como mis ojos se
llenaban de lágrimas, y no se de dónde,
pero creo que del corazón, me vinieron unas palabras hacia el oficial
–discúlpeme pero..., le puedo dar un abrazo a usted por todas las personas a las
que no podre abrazar estos cinco años- el oficial ya con el sello en la
mano, hizo un gesto de sorpresa, me
miró, y creo que al ver mi rostro lleno de lágrimas, se compadeció y me dijo
que si, pero que lo hiciera rápido y sin hacer tanto escándalo por que había cámaras. Me acerqué a su escritorio, él se levantó y le di un abrazo veloz, pero
realmente lo hice pensando en el abrazo que me había dado con mi amigo esa
mañana antes de entrar al aeropuerto.
Regresé a mi asiento y luego de hacer un respiro profundo me volví a
sentar, el oficial me miro, lentamente
bajo el sello que llevaba en la mano y me dijo –te voy a dejar pasar sin
ponerte el sello rojo. Vete rápido antes de que me arrepienta y no hagas
ninguna expresión pues te repito que hay cámaras- yo lo mire con los ojos
llorosos, me acerque a recoger mi pasaporte y le dije que me disculpara una vez
más, pero que le tenia que dar otro abrazo.
Me acerqué de nueva cuenta, le di
un abrazo fugaz y antes de salir le dije en voz muy baja –“Gracias hermano”, y
así sin voltear hacia atrás, seguí mi camino de regreso a casa
donde me esperaba un plato de comida y un chingo de abrazos.
...“NINGÚN SER HUMANO ES ILEGAL, SOBRETODO
CUANDO LAS LEYES SON INHUMANAS”...
David Herrera el González.
Enero 2023.
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